Psicoanálisis y política
Este
seminario parte de una pregunta: ¿qué podemos hacer los analistas en relación
al horror y la violencia de nuestro tiempo? Hay quienes hablan de psicoanálisis
puro, y lo restringen a las cuatro paredes del consultorio. Hay quienes diferencian
el psicoanálisis que se practica en el consultorio y un afuera donde el
psicoanalista sería reclamado ¿Qué sería un análisis puro? ¿Sería una praxis
decantada en la purificación de las impurezas mundanas? ¿Y cuando esas
impurezas de lo social tocan directamente la desaparición, la violación, la
tortura o el asesinato de seres humanos? ¿Nuestra praxis es ajena a estos
asuntos? ¿No le queda al psicoanalista otra posición que la de la neutralidad
indignada? ¿Y no es la indignación un modo de la impotente comodidad que nos
deja como impávidos mirones abochornados por… las cosas que pasan?
Vieja
y gastada dicotomía: ¿qué delimita las cuatro paredes del consultorio? ¿Qué es
el sujeto? ¿Qué significa la singularidad absoluta de lo que ocurre en una sesión
a la luz de la condición eminentemente social del lenguaje (recuerden que el
inconsciente está estructurado como un lenguaje)? ¿Entre el adentro y el
afuera: continuidad u oposición? ¿Qué es Das ding, la Cosa de la que Freud
habla en el Proyecto, y que Lacan reelabora en el Seminario VII, sino un
principio de exterioridad umbilicando lo más íntimo? Todas resonancias de la
cuestión con la que se abre Psicología de las Masas y análisis del Yo: “La
psicología individual es al mismo tiempo, y desde un principio, psicología
social.”
Oscar
Masotta escribió en el prefacio de la primera publicación en español del
Seminario XI que “el lugar del analista no debe cesar de ser cuestionado”
–lejos, lejos de cualquier purismo…
¿De
qué manera, pues, nuestro lugar es cuestionado por los asuntos de la polis? ¿De
qué manera lo “exterior” (que sabemos que no es lo opuesto al “interior”) nos interpela?
¿Vamos a con-ceder la política al campo de la ciencia, de la ciencia política y
a convenir con los politólogos (especialistas en política, los que “saben” de
política) la reducción de la política a las encuestas, a las elecciones, a las
campañas electorales, a la opinión pública? Vamos a consentir este uso
corriente de la noción de política que la pone al servicio de los intereses
yoicos? ¿Qué relación entre psicoanálisis y política?
Una
línea de demarcación entre una y otra política, puede ser, no las paredes de un
consultorio, sino la posición respecto del saber. La política, la del psicoanalista,
excluye del campo de la acción analítica el decir que se cree poseedor del
saber.
En
La lógica del fantasma Lacan dice que “el inconsciente es la política” (y no al
revés) -la referencia allí es la guerra de Vietnam. Y, entonces ahí dice que si
Freud ha escrito en alguna parte que la anatomía es destino, habrá quizá un
momento que se volverá a una sana percepción de lo que Freud ha descubierto, se
dirá, no digo que la política es el inconsciente, simplemente el inconsciente
es la política”.
A partir de esto, este
seminario se propone un trabajo de lectura que nos permita despejar algunos
conceptos que considero cruciales para pensar el terror y la violencia de
nuestro tiempo: odio, masa, segregación y sacrificio.
