XLII coloquio internacional de 17, Instituto de Estudios Críticos
Infraestructuras para el porvenir.
Policrisis y (pos)universidad
Del martes 26 al domingo 31 de enero de 2027
convocatoria conjunta con:
Taller de Futuros del Colegio de San Ildefonso
Departamento de Filosofía de la Universidad Iberoamericana – Ciudad de México
![]()
Presentación
Los futuros se nos vienen encima. Las perturbaciones ambientales, tecnológicas, políticas, económicas, culturales y subjetivas se entrelazan y potencian, desbordando las capacidades de previsión y respuesta de nuestras instituciones. Resulta cada vez más difícil calcular qué ocurrirá, determinar qué saberes serán necesarios y suponer que las formas organizativas heredadas bastarán para hacer frente a lo que viene.
El problema del porvenir se decanta así en un problema de infraestructura.
¿Con qué plataformas contamos para pensar y actuar en condiciones de incertidumbre radical? ¿Qué formas de asociación pueden reunir saberes, prácticas, recursos y comunidades sin clausurar aquello que pueden llegar a producir? ¿Qué instancias pueden sostener preguntas que todavía no sabemos formular y problemas que exceden las divisiones disciplinares? ¿Cómo organizarnos para un futuro que, en muchos sentidos, ya nos alcanzó?
Estas preguntas también conciernen a la universidad. Y, ante problemas de escala planetaria, las redes globales de universidades constituyen una de las pocas infraestructuras de conocimiento cuya escala es también planetaria. Pero su importancia no radica solamente en su capacidad para acumular saberes, producir diagnósticos, desarrollar tecnologías, anticipar escenarios. Están llamadas a desempeñar un papel socrático fundamental: salvaguardar el pensamiento, dar lugar a la duda, hacer valer los límites de lo cognoscible y permanecer abiertas a lo incalculable.
Esta tarea cobra particular importancia allí donde el Estado y el mercado buscan anticipar, administrar y reducir la incertidumbre. Frente a sus cálculos, la universidad puede sostener aquello que no se deja resolver de antemano: preguntas, contradicciones, singularidades, saberes aún inexistentes, posibilidades no previstas. No para renunciar a calcular cuando sea necesario, sino para impedir que el cálculo se convierta en la medida de todo lo posible. Quizá una de las responsabilidades decisivas de las redes universitarias ante los futuros consista justamente en organizar colectivamente un lugar para el no saber.
De ahí el paréntesis en (pos)universidad, que no anuncia la superación de la universidad, sino una interrogación sobre sus bordes y mutaciones posibles: sus cruces con los medios culturales, los movimientos sociales, la experimentación tecnológica, la economía; la articulación del saber con la creación y la intervención; la posibilidad de que investigar signifique también instituir otras condiciones de existencia.
Este coloquio reúne instancias muy diversas que a su modo enfrentan la insuficiencia de las formas organizativas y los marcos de saber heredados ante la incertidumbre, la interdependencia de las crisis y la aceleración de las transformaciones. Más que compartir un diagnóstico o un programa, exploran otras maneras de producir y transmitir saberes, organizarse, sostener el quehacer colectivo y relacionarse con el porvenir. Su encuentro permitirá poner a prueba, enriquecer y transformar esta hipótesis desde experiencias y escalas muy distintas.
Quizá las infraestructuras que necesitamos no sean aquellas que prometen sustraernos de la incertidumbre, sino las que permitan habitarla colectivamente: abiertas a aprender y transformarse, capaces de reunir diferencias sin reducirlas, preservar preguntas antes de apresurarse a responderlas, vincular conocimiento, creación y vida social e improvisar sin renunciar a la memoria, el rigor y la responsabilidad. Las redes universitarias, precisamente por su escala, diversidad y capacidad de transmisión, pueden constituir una infraestructura privilegiada para encarar problemas planetarios, siempre que sean capaces de transformarse y de abrirse a aquello que las excede.
El desafío no consiste en construir instituciones capaces de dominar la turbulencia, sino infraestructuras improvisatorias capaces de actuar dentro de ella. Como una chinampa, que permite cultivar sobre una superficie que no pretende convertirse en tierra firme; producir, cosechar y compartir mientras se mantiene a flote.
Pronto, los detalles
![]()

